Desde la cúpula de la catedral antigua.
El nosferatu contempla neutro el frenesí de la urbe.
Alumbrada por irreales luces como inefables colmenas de neón,
espera lacónico a su próxima victima.
Él es lo epicúreo puro en aquel instante, la poesía oscura, el verbo profano.
El ángel negro que perforara sensualmente los cuellos vírgenes de las doncellas.
La poesía en sí eres nosferatu y la metáfora primera.
3 comentarios:
heavy pero me ha gustado.
besos
juer...las vacaciones te han sentado mal o algo?...que agresivididad...pobres doncellas y como se van a poner de sangre alguno...
No jodas que conoces a Leo...??
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